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1:Te quiero decir muchas cosas por medio de esta carta y sinceramente te las mereces... TU AMISTAD VALE MUCHO!
Te quiero decir que si mañana dejo de existir, te observaré en el cielo, te cuidaré y, sobre todo, abogaré por aminorar tu sufrimiento.
Te quiero decir que si dejas este mundo, Dios no lo quiera, te recordaré y siempre te voy a querer, cada noche hablaré contigo.
Quiero que sepas que te quiero mucho y eso es algo muy importante para mÃ, ya que hay veces que uno cree que no es conveniente decirlo por cualquier razón.
Sé que debà decirte antes cuánto te aprecio, pero si por alguna razón no nos volvemos a ver, te dejo esta nota para que sepas lo mucho que te quiero.
Y si no alcanzaste a decÃrmelo y yo dejo de existir, no te preocupes, que por el simple hecho de nuestra amistad sabré que me aprecias.
Recuerda que nunca sabemos cuándo dejamos de existir, por eso quiero decirte hoy con esto ¡Que te aprecio mucho!
2:Está en la sala familiar, sombrÃa, y entre nosotros, el querido hermano que en el sueño infantil de un claro dÃa vimos partir hacia un paÃs lejano.
Hoy tiene ya las sienes plateadas, un gris mechón sobre la angosta frente, y la frÃa inquietud de sus miradas revela un alma casi toda ausente.
Deshójanse las copas otoñales del parque mustio y viejo. La tarde, tras los húmedos cristales, se pinta, y en el fondo del espejo.
El rostro del hermano se ilumina suavemente. ¿Floridos desengaños dorados por la tarde que declina? ¿Ansias de vida nueva en nuevos años?
¿Lamentará la juventud perdida? Lejos quedó -la pobre loba- muerta. ¿La blanca juventud nunca vivida teme, que ha de cantar ante su puerta?
¿SonrÃe el sol de oro de la tierra de un sueño no encontrada; y ve su nave hender el mar sonoro, de viento y luz la blanca vela hinchada?
Él ha visto las hojas otoñales, amarillas, rodar, las olorosas ramas del eucalipto, los rosales que enseñan otra vez sus blancas rosas
Y este dolor que añora o desconfÃa el temblor de una lágrima reprime, y un resto de viril hipocresÃa en el semblante pálido se imprime.
Serio retrato en la pared clarea todavÃa. Nosotros divagamos. En la tristeza del hogar golpea el tictac del reloj. Todos callamos.
3:El viento es un caballo: óyelo cómo corre por el mar, por el cielo.
Quiere llevarme: escucha cómo recorre el mundo para llevarme lejos.
Escóndeme en tus brazos por esta noche sola, mientras la lluvia rompe contra el mar y la tierra su boca innumerable.
Escucha como el viento me llama galopando para llevarme lejos.
Con tu frente en mi frente, con tu boca en mi boca, atados nuestros cuerpos al amor que nos quema, deja que el viento pase sin que pueda llevarme.
Deja que el viento corra coronado de espuma, que me llame y me busque galopando en la sombra, mientras yo, sumergido bajo tus grandes ojos, por esta noche sola descansaré, amor mÃo.
4:Son de abril las aguas mil. Sopla el viento achubascado, y entre nublado y nublado hay trozos de cielo añil. Agua y sol. El iris brilla. En una nube lejana, zigzaguea una centella amarilla. La lluvia da en la ventana y el cristal repiqueteo. A través de la neblina que forma la lluvia fina, se divisa un prado verde, y un encinar se esfumina, y una sierra gris se pierde. Los hilos del aguacero sesgan las nacientes frondas, y agitan las turbias ondas en el remanso del Duero. Lloviendo está en los habares y en las pardas sementeras; hay sol en los encinares, charcos por las carreteras. Lluvia y sol. Ya se oscurece el campo, ya se ilumina; allà un cerro desparece, allá surge una colina. Ya son claros, ya sombrÃos los dispersos caserÃos, los lejanos torreones. Hacia la sierra plomiza van rodando en pelotones nubes de guata y ceniza.
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